
La magia del cine
Cine mayores
Se ha hablado mucho de la magia del cine, ese modo especial de interpretar las realidades bajo el prisma de un director que articula situación, acción y personajes conformando un ámbito nuevo de creación artística donde cabe cualquier universo por inverosímil que nos parezca. Los hermanos Lumière nunca hubieran imaginado que sus primerizas películas, en las que no existían protagonistas ni se contaban historias, llegarían a convertirse en el peldaño definitivo de imparables avances cinematográficos que habrían de consolidarse en el esplendor, magnificencia y belleza del séptimo arte. Son tantas las posibilidades ofrecidas por el cine que resulta difícil acertar en la selección. Pero no nos detiene la inmensidad. Penetramos en ella para desbrozar en el mare mágnum las historias capitales; historias que entremezclan las crudas realidades con las grandes esperanzas, los actos de valor más admirables con las traiciones más viles. A fin de cuentas, la vida misma agigantada en el celuloide, para que, contemplando sus imágenes, aprendamos a conocernos y, desde el conocimiento, comencemos a comprendernos y a superarnos. La Fundación CajaSur vierte en este empeño voluntades y recursos. Entre los muros centenarios de La Magdalena, el público de Córdoba aspirará de nuevo el singular aliento de la magia del cine.
Cine Infantil
Coincidiendo con el Día del Ahorro, 31 de octubre de 2009, se inicia uno de los ciclos más solicitados y exitosos organizados por la Fundación CajaSur. Un ciclo que nos llevará, durante casi dos meses y medio, a recorrer espacios fascinantes, proclives a mostrarnos, con todo su poder de sugestión, ese límite misterioso entre la imaginación y la realidad, la ficción y la historia. Hasta el 9 de enero, una vez transcurrida la epifanía de los Reyes Magos, los más pequeños contemplarán a través de sus ojos, ávidos de curiosidad y conocimiento, un espectáculo prodigioso que impregnará sus ansias de aventura, ideas sublimes y sentimientos solidarios. En un mundo de imágenes que olvida irreflexivamente el valor esencial de la palabra, el cine se muestra como un método complejo de enseñanza/aprendizaje. El cine para niños, que debieran ver los mayores, nos reserva sorpresas ciertamente atractivas. No es sólo la magnífica puesta en escena que entraña la elección de argumentos y personajes sino además el conmovedor aliento que estas producciones exhalan. Padres y educadores tenemos la obligación de proveer a nuestros hijos de medios y procedimientos que les permitan crecer física y espiritualmente, capaces de construir con ilusión y energía el mundo en que han de vivir mañana. Y el cine, adecuado a la edad y las mentalidades, se nos revela como uno de los grandes recursos para lograr este objetivo.

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